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viernes, 14 de septiembre de 2012

Lianne La Havas, vídeo de 'Forget': la elegancia ante todo

Lianne La Havas

Inglaterra se está convirtiendo en una de las principales productoras de soul de la última década. A esta hornada de jóvenes féminas con una elegancia innata y un oído magnífico se le ha unido este año Lianne La Havas, una británica hija de padre griego y madre jamaicana que ha lanzado su debut hace unas semanas, bajo el nombre Is Your Love Big Enough?, un conjunto de cuentos en los que te sumerge salpicados de influencias folk y con unas profundas raíces en el soul y el jazz de la década de los treinta.

La historia de ‘Forget‘, su segundo single de los cuatro que ha lanzado su debut, es bastante curiosa. Lianne firmó en 2009 con Warner al otro lado del Atlántico, con unas condiciones bastante exigentes que demandaban mucho de ella y ofrecían bastante poco. Como todos los comienzos. Uno de los temas que presentó Lianne a esta discográfica fue este ‘Forget’; lo rechazaron sin dudarlo. Hubo que darle una pequeña vuelta para que se colara en el disco, y finalmente ha terminado siendo uno de los cortes más interesantes del tracklist.

El vídeo de ‘Forget’ acompaña a esta canción sobre rupturas indeseadas con rotos indeseables con un estribillo demoledor vocalmente hablando. Dirigido por Alex Southam, Lianne aparece pateando las calles de Brooklyn huyendo de una relación fallida con un músico torpón. Sencillo pero estéticamente muy cuidado, dejando que brille la canción y ofreciendo simplemente un apoyo a la letra.

Vídeo | Youtube




I ♡ Hot Chip


Las nominaciones al Mercury Prize son una nueva ocasión, como cualquier otra, para ningunear a Hot Chip, un grupo británico de trayectoria impecable pero éxito moderado que por alguna razón no termina de calar como merece. Cuando el año pasado el debut de James Blake era favorito para ganar estos prestigiosos premios junto a ‘Let England Shake’ de PJ Harvey, podíamos elogiar su modernidad frente a los Grammy o su distanciamiento de la comercialidad con respecto a los Brits.

Pero un vistazo a los 12 nominados de este año nos deja claro que si algo se reconoce en los Mercury, salvo excepciones, es a los nuevos talentos, en este caso aunque construyan medianías y discos imperfectos como Lianne La Havas o Michael Kiwanuka. Nada malo que decir sobre ello, en un mundo en el que cuesta meses de esfuerzos promocionales terminar de hacer despegar a un nuevo artista, aunque sea Adele o Lana del Rey (que sigue sin sonar en radio). Sin embargo, no deja de ser curioso que Django Django, un grupo que ha aprendido una cosa o dos de la banda de Joe Goddard y Alexis Taylor y a la que de hecho están teloneando, aparezca nominada, y Hot Chip, no.

No es culpa de los Mercury Prize, que al menos llegaron a nominar a Hot Chip con su segundo disco, ‘The Warning‘, en 2006 (el primero, salvo para algunas voces discordantes, no lo merecía). Parece claro que el grupo tiene un extraño problema de conexión con la masa que resulta difícil averiguar a qué se debe. Sus discos logran buenas notas pero no las mejores, entran en las listas de ventas de algunos países pero duran poco, los pinchan en algunos clubs de Lisboa, Londres y Berlín pero no de toda Europa, nos visitan de gira de vez en cuando pero siempre en el marco de algún macrofestival y nunca por su cuenta… ¡Ni siquiera en nuestros foros tienen fans (elmejordelosmundos, ¿dónde estás?)! En definitiva, parece que se les niega el estatus de superestrellas que deberían tener hace tiempo.

Echemos un ojo a su discografía, sobre la que podríamos debatir horas y horas sobre cuál es mejor álbum de todos, si es que hay alguien dispuesto. Tras un debut llamado ‘Coming On Strong’ (2004) que sirvió como ensayo, del que hay que rescatar la gran ‘Playboy’, despuntaron con ‘The Warning’, disco gracias al cual se colocaron en la mayoría de listas de lo mejor del año 2006 y llegaron al top 40 de Reino Unido con sus dos trallazos claros: ‘Over and Over’ y ‘Boy From School’. Con el tercero terminaron de definir lo que para mí es el pop perfecto del siglo XXI con la metamusical e imposible ‘Shake a Fist’ y la redonda ‘Ready for The Floor’, todavía quizá su mejor canción y de hecho su único top 10 en listas internacionales. ‘One Life Stand’ (2010) corregía ya los defectos de tracklist y secuenciación de ‘Made In The Dark‘ (2008) y tanto el tema titular como ‘I Feel Better’ se convertían en “growers” históricos. Finalmente este año publicaban ‘In Our Heads‘, quinto disco ya en el que, lejos de decaer, incluían uno de los temas más divertidos de su carrera, ‘Night & Day‘, acompañado de baladas tan trabajadas como ‘Look At Where We Are’ (estribillo idóneo para hacer el ganso) o pistas tan bailables como la que abre el disco (magistral inicio instrumental de 2 minutos poniendo en situación).

Esta ristra de lo que yo consideraría obviedades redundantes con lo ya expresado varias veces en nuestro site, parece que no lo es tanto. A pesar de los vídeos excelentes que realizan de vez en cuando, de su simpatía hacia el mundo del pop (versiones de Shakira, reconocimientos de Rihanna), del buen nivel que han alcanzado sus conciertos (inolvidable FIB 2011), de sus divertidas letras, o de su querencia por las baladas de raíces soul, aún parecen para según qué gente una cara B de LCD Soundsystem. Todo ello a pesar de cinco discos excelentes que ya quisieran muchos de sus compatriotas o los grupos que coronan las listas del año para sí, y a pesar también de que supieron hacer una parodia de ‘We Found Love’ en ‘Shake A Fist’ cuatro años antes de que se publicara la canción (“Before we go any further / I’d like to show you all a game I made up / This game is called ‘Sounds of the Studio’ / And it can be played with any record / Including this one. You may be surprised!”).

No es la primera vez que un grupo de pop no arrasa como debería (Denim, Sugar, Jack, Prefab Sprout, Saint Etienne, Cassino, Baxendale, Roísín Murphy, la última etapa de Pet Shop Boys), pero su caso es más doloroso porque están aquí para triunfar (sonoro cabreo se pillaron cuando ‘I Feel Better’ no fue pinchada en Radio One). ¿Tendremos que esperar a que se separen para reconocer lo buenos que eran? ¿Habrá que esperar 15 años para hacer un “tú sí que molabas” a Hot Chip?



lunes, 10 de septiembre de 2012

Matchbox Twenty - North: abigarrado viaje al pasado

Matchbox Twenty

Matchbox Twenty anunciaron que su reencuentro les había dado ganas de volver a trabajar juntos – eso, o la crisis se les hizo muy cuesta arriba – y que tenían en el horno, allá por mayo, un nuevo disco a puntito de ser rematado. North, como así lo han titulado, ha salido a la venta esta semana después de haber sacado dos singles desiguales pero que no terminaban ni de excitar ni de apagar definitivamente el interés por su álbum. Una zona tibia de la que salió ligeramente ‘Overjoyed’, pero de la que North no termina de escaparse.

Cuando una banda hace un parón de casi diez años, esperas que si finalmente se deciden a regresar, sea porque tienen algo increíble que contar. Algo fascinante que han descubierto, un sonido que eleva lo que habían hecho hasta entonces, que se enraíza en sus mejores momentos y que deja vislumbrar que por delante tienen más carrera de la que pensaron cuando firmaron su debut. Y hay momentos en North donde la llama brilla, esperanzadora; pero hay muchos otros en los que parpadea casi a punto de apagarse por última vez.

North, una tangente a Yourself or Someone Like You

Uno de los aspectos más interesantes del cuarto disco de Matchbox Twenty es que, en cierto modo, han recuperado algunos de los elementos más deliciosos de su primer álbum, quizá el mejor que han sacado hasta la fecha, y desde luego no superado por este North. El principio, con ‘Parade‘, así lo deja entrever. Y te emocionas pensando en la cantidad de guitarreo acústico y letras sentimentales y chungas vas a zamparte en la siguiente hora.

Vídeo | Youtube

Está bien, es un buen comienzo. Rob Thomas sigue clavando las canciones, independientemente de que puedan gustarte más o menos, y sigue siendo una de las voces más interesantes del lado más comercial del pop-rock. Sin embargo, el guiño al estilo que los colocó en el ojo público termina convirtiéndose en algo más. Y es que a Matchbox Twenty les falta actualizarse.

Escuchar North es un viaje en el tiempo al año 2000. Como si hubieran pasado la última década en una cueva. La inmensa mayoría de las canciones de este álbum tienen una pátina polvorienta, como si hubieran sido desenterradas de las sesiones de grabación de aquellos primeros años en lugar de haber nacido a la luz del deseo de volver a los escenarios.

Vídeo | Youtube

Luego hay momentos directamente innecesarios. He leído bastantes comparaciones con Maroon 5 en un corte, ‘Put Your Hands Up‘, y he de decir que, por desgracia, son totalmente aplicables. No hace falta hacer un intento de radiofórmula pseudodiscotequero que pueda colocarte algo más arriba en las listas de éxitos y darte una salida que quizá no te dieran cortes como ‘I Will‘. Un tema muchísimo más válido que cualquier intento de aproximarse al público mayoritario, con un trasfondo country un poco añejo pero que le va perfecto como baladón.

Vídeo | Youtube

Demasiado buenrollismo

Así lo siento yo. Quizá lleve una romántica decimonónica en el corazón, pero hay discos que me parecen excesivamente brillantes, excesivamente luminosos, como ese amigo que se esfuerza sobremanera por animarte cuando lo único que quieres es que te dejen en paz de una puñetera vez. Y encima él siempre está feliz, despreocupado, contándote lo fantástica que es su vida. Sí. A veces dan ganas de meterles las buenas intenciones por algún orificio de reducido tamaño.

Vídeo | Youtube

El caso de Matchbox Twenty no es tan flagrante, no terminas deseándoles alguna enfermedad venérea que les produzca indecibles escozores, pero sí hay momentos en los que el asunto se pasa de ligero. ‘Radio‘ es el ejemplo perfecto de qué quiero decir. Podría ser la canción perfecta para levantarse de la cama una mañana y empezar el día como un señor… o también podría convertirse en ese tema que, de tan alegre y juguetón, terminas odiando con todas tus tripas. Todas y cada una de ellas.

Hipersonica vota un 5,5 North no es un mal disco, no es peor que More Than You Think You Are, a pesar de que creo que su tercer álbum es bastante salvable. No es una salva de fuegos artificiales, no es un canto a una nueva etapa en su carrera. Es un trabajo que gustará a quienes los han esperado con ganas, que engancha con un par de temas, especialmente del lado más tranquilote, pero al que le falta fuelle, y sobre todo, pulir el sonido para que no parezca que acabamos de volver al instituto todos. O unos cuantos, al menos.




Reseña: Purity Ring - Shrines


En la cultura popular, o al menos en la norteamericana, el purity ring, o anillo de pureza, era usado por las personas para simbolizar su castidad. Hoy en día, por supuesto, la práctica ha sido descartada junto con el concepto más aceptado de la castidad. Pero una banda oriunda de Montreal toma el nombre para otorgarnos unas melodías castas y sombrías, electrónica experimental que demuestra ser pegadiza al mismo tiempo. Shrines, el disco debut de Purity Ring, es uno de los mejores esfuerzos que ha salido al mercado en lo que va del año.

Este dúo de música electrónica está formado por Corin Roddick, encargado de máquinas e instrumentalización, y Megan James, la mujer detrás de las vocales aniñadas y dulces. Pero a no equivocarse: las canciones de Purity Ring nada tienen de dulzura, o de pureza: aunque la porción “casta” de Purity Ring se puede rastrear a su afinada poesía, enigmáticos nombres de canciones, la otra mitad de sus canciones, la más interesante, se puede rastrear a climas mucho más oscuros, donde la dulzura es reemplazada por la violencia y la experimentación.

Pero lo más curioso de todo esto es que, al contrario de otras bandas que se encuentran dentro de la misma línea estilística, las canciones de Purity Ring logran ser además en extremo pegadizas. Los sencillos principales, al menos, tienen esa capacidad innegable de las canciones pop para quedarse eternamente pegadas en alguna parte del cerebro donde no podemos alcanzar para quitarlas. Las elegantes capas electrónicas juegan con la monotonía y con una lírica acompasada, llevada adelante a la perfección por James, cuyas letras –que en un principio no fueron escritas para que nadie las escuchara- pueden atormentar tanto como encantar.

Shrines comienza con “Crawlersout”, una canción repetitiva y altamente electrónica, que comienza con una suave melodía de sintetizador para luego ir adquiriendo crescendo con los segundos. Aunque por un momento nos podemos sentir engañados de que se trata de un tipo de R&B experimental, cuando aparece la voz de James nos encontramos plenamente en el mundo del pop. Pero se trata de un pop completamente terrenal, donde se ponen en juego no las ideas o el mundo “ideal”, sino el cuerpo, todo lo sombrío del hombre que asusta.

El disco sigue con una de sus mejores canciones y sencillo principal, “Fineshrine”, que sin dudas merece un lugar en el podio de las mejores canciones del año. Con un ritmo que recuerda a una especie de hip hop experimental, la voz de James juega un papel entre aniñado y sensual, mientras llora una especie de mantra onírico sobre cortar un esternón y abrazar con las costillas. Como dijimos, muy corporal. “Ungirthed”, otra de las primeras canciones con título enigmático, también amenaza con una simple estructura pop de verso y estribillo, y, con un ritmo muy similar al de “Fineshrine” pero sin alcanzar su momentum. No es sorpresa que sea una de las primeras canciones que escribieron juntos, al no estar a la altura del resto del disco.

La oscuridad nos rodea por completo con “Amenamy”, una sombría melodía de sintetizadores. Quizás deberíamos dejar de usar la palabra sintetizadores, dado que Roddick usa un instrumento personalizado para manejar todos estos ritmos electrónicos, y también la iluminación en vivo de sus shows. Pero sintetizadores es más comprensible. Con “Amenamy” estamos en presencia de un ente también sensual, pero atemorizante. “Grandloves” cuenta con la colaboración de Young Magic, y hay que admitir que sería una canción casi perfecta sin su presencia. Las vocales masculinas parecen ir casi en contra de la esencia de Purity Ring.

Una de las canciones más tranquilas del disco es “Cartographist”, donde literalmente parecemos estar en presencia de un mapa sonoro con todos los trucos que tiene bajo la manga Roddick. Con ecos que reverberan desde todas las esquinas de nuestros parlantes, con meros susurros como canción, también se especializa en esta “oscuridad alegre” que define a Purity Ring. A continuación tenemos una de las canciones más destacadas del disco, “Belispeak”, donde volvemos a escuchar estos ecos pseudo hip-hop, pero a medida que avanzamos nos encontramos con una canción con un tempo apenas más arriba de un trip hop, y uno de los estribillos más pegadizos e inexplicables.

Con “Saltkin” tenemos una muestra pop experimental, donde la voz de James se vuelve mucho más aniñada que antes, y parece que nos encontramos en una lullaby infantil. Esto, por supuesto, antes de escuchar las menciones a los animales que se arrastran. “Obedear”, por su parte, es una canción con muchas atmósferas, una especie de Nicki Minaj en un viaje  de ácido, con un ritmo electrónico que taladra el cerebro, pero con gusto. Las dos últimas canciones de Shrines, “Lofticries” y “Shuck”, bajan un poco el tempo al que veníamos acostumbrados pero siguen siendo maravillosas.

9/10

En definitiva, Shrines no es un disco con el que nos encontramos todos los días. Es un disco que, naturalmente debido a su índole experimental, debería ser un tanto difícil de digerir. Pero a través de una ecuación equilibrada de electrónica, percusión y maestría, logran uno de los mejores debuts que hemos escuchado en mucho tiempo. Habrá que estar atentos a más novedades de este grupo canadiense, pero mientras tanto, nos queda este maravilloso LP para devorar todos los días, en los momentos del atardecer.

Fecha de lanzamiento: 23/07/2012
Discográfica: 4AD Records
Compra el disco: en la web de 4AD
Tres canciones destacadas: “Fineshrine”, “Belispeak”, “Lofticries”
Escucha el disco: en Spotify o en Grooveshark





viernes, 7 de septiembre de 2012

Hundred Waters presentan el vídeo de “Thistle”


Hundred Waters es una banda nueva que estrenó su debut este año y que mezcla muy bien el folk con la electrónica y por supuesto con toques indies. Se trata de una mezcla que cada vez se escucha más, pero podemos decir que esta banda y su LP, un self-titled, tienen un encanto especial.

Hundred Waters

Meses después del lanzamiento se estrena un nuevo vídeo para “Thistle”, rodado a base de la ya clásica técnica del stop-motion, y protagonizada por un animal de cartón o lo que es lo mismo en este caso concreto, una piñata.

La canción es uno de los bombazos del grupo, y la que más les ha dado a conocer. Prueba de ello es que la banda y la discográfica decidieron estrenar hace poco un EP en el que hay hasta 5 mezclas adicionales -y por supuesto la original- de la canción.

Se trata sin duda de una ocasión excepcional para descubrir uno de esos pequeños grupos que con toda seguridad tendrán un lugar en las listas de mejores debuts del año. Disfrutad del vídeo, cortesía de Pitchfork: